Puno dejó atrás décadas de aislamiento con la expansión de redes eléctricas, la mejora del eje Puno–Juliaca y una mayor presencia estatal. La derrota de Sendero Luminoso devolvió la seguridad, mientras programas como PRONAA y FONCODES impulsaron obras y asistencia, sentando bases para su desarrollo.

Durante la década de los años 90, el gobierno fujimorista impulsó una serie de políticas orientadas a reducir el aislamiento de regiones como Puno. La expansión de redes eléctricas y la mejora de la conectividad vial, especialmente en el eje Puno–Juliaca, permitieron una mayor integración territorial y facilitaron el movimiento de personas y mercancías dentro del sur del país.

En paralelo, la derrota de la violencia subversiva de Sendero Luminoso marcó un punto de inflexión en la región, devolviendo niveles de seguridad que favorecieron la reactivación de la actividad económica y el retorno progresivo de la inversión pública y privada en zonas rurales y urbanas de Puno.

A esto se sumó la intervención de programas sociales y de infraestructura como PRONAA y FONCODES, que ejecutaron obras comunitarias, apoyo alimentario y proyectos de desarrollo local. Estas iniciativas contribuyeron a sentar las bases de una mayor integración de Puno al desarrollo regional, reduciendo brechas históricas en servicios básicos y conectividad.

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