Perú llega a la segunda vuelta presidencial en un escenario de fuerte polarización política entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, dos candidatos con propuestas opuestas y niveles de apoyo limitados.

Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, fue la más votada en la primera vuelta con alrededor del 17% de los sufragios. Esta es su cuarta candidatura presidencial y mantiene un discurso enfocado en el orden, la seguridad ciudadana y el fortalecimiento de las instituciones. Su figura sigue asociada al legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, lo que genera apoyos sólidos, pero también un alto nivel de oposición.

Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, obtuvo cerca del 12% en la primera vuelta y representa a la izquierda peruana. Su propuesta se centra en impulsar cambios en el modelo económico, ampliar la intervención del Estado y promover reformas estructurales. Su cercanía con sectores sociales y con el expresidente Pedro Castillo refuerza su perfil como opción de transformación política.

El escenario electoral refleja un país profundamente dividido, donde ninguna candidatura logra una adhesión mayoritaria clara. En este contexto, el voto de la segunda vuelta parece definirse más por el rechazo al adversario que por afinidad programática. Esto incrementa la incertidumbre sobre la gobernabilidad posterior a los comicios.

La elección del 7 de junio se presenta como un punto de inflexión para el futuro político del Perú, en un contexto de alta tensión social y fragmentación partidaria. El resultado será clave para definir la orientación económica, institucional y social del próximo gobierno.

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